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Reciclando Política
Para los habitantes de calle no existe el día de elecciones. Confiesan que durante la campaña tampoco fueron tenidos en cuenta. El único beneficio para algunos de ellos es llenar sus costales con material electoral.
Rosa María Pérez

Juan Pablo Henríquez

Estudiantes

  

Mientras una fracción significante de colombianos eligieron este 28 de octubre sus próximos alcaldes, gobernadores, diputados a asambleas, concejales y representantes de las JAL, hay una gran parte de compatriotas para quienes esta fecha no existe.

 

Los habitantes de Medellín en situación de calle comenzaron su día igual que todos: con el estómago vacío, amaneciendo en la calle y algunos aún en busca de misericordia; y aunque son ciudadanos, están excluidos o se autoexcluyen de su derecho de voto, porque como lo afirma Miguel Contreras, un habitante de calle, “El nuevo señor que llegue al poder no cambiará en nada mi situación”.

 

Miguel, al igual que Jhon Franco, Victoria Henao,  Freddy y Ángel Humberto Díaz Gil no tenían en su prioridad ir a votar, sino encontrar un poco de comida que les permitiera recuperar energías y así sobrevivir un día más.

 

Es por eso que mientras unos hacían las filas hacia la urna y marcan a sus candidatos preferidos, ellos paraban en cada basurero para encontrar algún desecho que les pueda servir de alimento o se dan una siesta en cualquier acera del centro de la ciudad, mientras que otros preferían dedicarse a caminar sin rumbo fijo.

 

En Colombia está estipulado que para ser ciudadano se debe portar una cédula, pero a muchos de los habitantes de la calle eso no los suele preocupar, -¿Para qué?- Si ni siquiera los candidatos políticos los ven así. Pues un individuo sin cédula no representa un voto sino una problemátic a por solucionar.

 

Los habitantes de la calle no fueron ciudadanos para quienes estuvieron relacionados con asuntos políticos; nadie les habló de política, nadie les habló de candidatos y mucho menos nadie se acercó para informarles si tendrían beneficios por el hecho de ser habitantes de calle. Por eso ni se dieron por enterados del suceso que tuvo a Colombia ante la expectativa de quienes serían sus posibles gobernantes. Algunos de ellos respondieron así ante preguntas como ¿Sabe que día es hoy?, 27 ¿De qué mes?, -No lo sé- ¿y sabe que está pasando en el país?,

-No, solo sé que es domingo, eso creo.

 

Un caso particular es de Ángel Humberto Díaz Gil, quien a pesar de que asegura tener la cédula, en esta fecha la dejó guardada en la casa de su hija. No le interesa votar y nunca lo hizo ni siquiera cuando estuvo joven pues  “siempre he sido pobre y nunca he recibido nada de los políticos ni siquiera una camisa”, dice.

 

Ángel nació un 13 de abril de 1937 en Chaparral (Tolima), tiene cuatro hijas Diana, Eva, Marcela y Paola, viven en Sabaneta y él de vez en cuando las visita porque ellas le dan de comer “ellas son buenas y me atienden cuando yo las voy  a visitar”. Pero no se quedó a vivir con ellas porque tienen esposos y familia.

 

Desde hace siete años pasó a ser un habitante de calle por que le gusta la libertad y algunos vicios que adquirió en ésta. Duerme afuera del Foto Japón ubicado en la avenida la Playa con Palacé.

 

Mientras que la cédula de Ángel se encuentra protegida en la casa de su hija, Freddy nunca sacó la suya. Él habita las calles de Medellín desde que cumplió los seis años, “nunca he tenido papeles”, afirma.

 

En medio de la gran fila de mujeres que se disponían a votar en el Palacio de Exposiciones, resaltaba la figura de un hombre, caminando entre la multitud con su costal al hombro. A él la política sí le sirvió: el 28 de octubre se dedicó a llenar su costal de reciclaje con volantes, tarjetas y toda clase de papeles utilizados para promocionar las campañas electorales.

 

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Fecha de Publicacion: 28-OCT-2007 03:15 AM
Ultima Actualizacion: 04-JUN-2010 11:45 AM

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