Los niños asistieron al compromiso de votar, pero algunos se quedaron arreglados y con las ganas de vivir la experiencia.
Oriana Garcés Estudiante
Impecables, recién peinados, de la mano o en los hombros de sus papás llegaron los niños para observar cómo se realizaba el proceso electoral; sin embargo, no todos pudieron hacerlo y varios tuvieron que esperar afuera de las mesas con sus abuelos, tíos o papás. Esto se dio en varias instituciones del municipio de Itagüí donde por cuestiones logísticas ninguno pasó la puerta.
En el Palacio de Exposiciones de Medellín ocurrió algo similar, los niños ingresaron pero no todos vieron cómo votaron sus padres porque algunos jueces prefirieron retirarlos de las mesas de votación para agilizar el trámite y no crear desorden; fue el caso de Johan Estiben Florez, un niño que retiraron de la mesa de votación y que para entender el proceso electoral tuvo que preguntarle a su mamá.
Otros jueces permitieron que los niños se acercaran, recibieran los tarjetones y los depositaran en las urnas. Así lo evidenció Lina Marcela Benavides Agudelo de 13 años quien aparte de acompañar a su madre fue quien le explicó cómo votar. “Dan cinco papelitos: del gobernador sólo aparece la foto y uno le hace la X, por alcalde también, al concejo aparece el logotipo y el número y lo mismo con las JAL”, fue lo que le dijo la niña con tranquilidad a su madre.
“Los niños tienden a imitar a sus padres, por eso es importante explicarles con situaciones cotidianas y en un lenguaje sencillo por qué es importante votar para que en el futuro tengan iniciativa de decisión”, comentó Luisa Fernanda Arango García, psicóloga de la Universidad Cooperativa de Colombia.
No todos los niños fueron conscientes de lo que harían sus padres, algunos buscaron un rato de esparcimiento, otros fueron porque no tenían con quién quedarse en casa, porque no tenían otra opción o porque querían saber cómo se votaba. “Estaban unos papeles, mi mamá veía por cuál quería y le ponía una X” afirmó Emmanuel Montoya después de ver cómo votaba su madre.
En la jornada electoral no faltaron los bebés dormidos en los brazos de los padres, los que hicieron pataleta o gatearon por las salas de votación, ni los que llenaron sus manos de tarjetones publicitarios como si fueran caramelos coleccionables; los cuales, al final de la jornada, fueron cambiados por paletas, Bon Ice y crispetas, golosinas que hicieron que los niños impecables regresaron a casa con la ropa de todos los colores y con las manos empegotadas.