Este es el testimonio de una estudiante de Comunicación Social, que buscaba analizar el movimiento logístico de las campañas el día de las elecciones y que, movilizada en transportes contratados por los candidatos y conversando con la gente, construyó su crónica electoral.
Catalina Hernández Osorio
Estudiante
En medio de una multitud, mujeres que van, hombres que vienen, centenares de personas haciendo campaña y entregando ‘pastelitos’ en la entrada al Palacio de Exposiciones, buscaba con urgencia alguien que me llevara a la Universidad de Medellín, donde me dijeron que debía votar.
Caminando entre tanta gente que ofrecía cursos rápidos para aprender a votar e imitaciones del tarjetón “para que no se confunda”, distinguíaun hombre entregando volantes y le pregunté por transporte. Un tal Antonio José Agudelo, aguardaba a los votantes para entregarles su propuesta al concejo de Medellín.
-Señor es que aquí me dijeron que me tocaba en la Universidad de Medellín y no tengo cómo irme, ¿ustedes no me pueden facilitar transporte?
-Claro niña, ¿usted con quién está para el Concejo? porque yo soy candidato colabóreme con el votico, que yo le ayudo para que llegue allá a Belén. De todas maneras yo la contacto con la gente de Luis Pérez para que la lleven.
“Obviamente el día de elecciones uno no puede dejar perder los voticos”, le decía un compañero que también repartía volantes. Así que sin pensarlo dos veces, tomó una cartilla que decía “Guía para el día de elecciones” y más abajo el eslogan: “Todos con Luis Pérez”. Allí aparecían los coordinadores de testigos electorales y personal logístico en cada puesto de votación con sus respectivos teléfonos. Compró un minuto de celular, eso sí no dejaba de mirarme para que no me fuera.
Llamó a Andrés Felipe Martínez, encargado en la Universidad de Medellín, quien ofreció un taxi de placas TIN 746 que debíamos esperar ahí en Plaza Mayor. Todo era inmediato, como si de un momento a otro, todo el mundo fuera importante, el interés en la comodidad de la gente para que vaya a votar lo hacía instantáneo.
El taxi no llegó, probablemente por la inmensa congestión de la Avenida El Ferrocarril a pesar de que sólo eran las diez de la mañana. Justo en ese momento, Antonio paró un bus perteneciente a la flota Coonatra que se dirigía a Belén y me subió al recorrido.
La verdad, nunca hubiera sido necesario llamar a la Universidad de Medellín y que mandaran un carro sólo para mí, porque la Ciudad y especialmente el Palacio de Exposiciones estaban repletos de buses al servicio de las campañas.
Buses de servicio público de Villa Hermosa, Castilla, Belén, Laureles, Guayabal, Manrique, mejor dicho, “A donde uno quiera ir, hay transporte gratis” decía una señora que intentaba montarse en una ruta de Florencia, de la campaña de Luis Pérez.
Sin embargo, no eran los únicos vehículos, la maquinara electoral tenía un despliegue tan grande que no había campaña sin taxi o carro particular movilizando y haciendo varios viajes.
Las busetas de Alonso Salazar demarcando rutas y puestos de votación específicos, los buses de servicios especiales del Polo Democrático repletos de mujeres que llegaban a votar, los taxis de Alas Equipo Colombia enumerados, seguramente por rutas, entre tantos carros que congestionaban la vía buscando pasajeros desprevenidos para llevarlos a cualquier parte.
El día de elecciones ir a votar no es un problema, hasta los no votantes aprovechan “la palomita” para salir a pasear y que los vuelvan a dejar en la casa. Parece una fiesta en la que de repente todos son amigos por ser de la misma corriente o por lo menos fingirlo para logra un transporte.
Logística electoral
Cuando llegué a la Universidad de Medellín, el conductor, quien sólo llevaba dos personas en el recorrido, me dijo: “Mi amor, cuando termine de votar vuelve y sale a esta esquina que bajan más buses gratis para que se devuelva”.
Con una complicidad única, todo el mundo termina siendo un aliado, hasta montan extraños a los carros, como en mi caso que, perdida en el estadio, me montaron en un Mazda blanco de una campaña que me llevó a otro sitio de Medellín.
En el camino me enseñaron a votar, me contaron las propuestas, me pidieron que llevara más gente, me regalaron publicidad, y hasta me invitaron en la noche a la sede que iban a celebrar cuando su candidato ganara, por poco y me piden el RH.
Y aunque transportar gente no constituye un delito y menos si se trata del Palacio de Exposiciones que es un punto habilitado para personas que no inscribieron su cédula, es una ilusión que se va muy rápido porque antes de las cuatro de la tarde mientras necesitan el “votico” todos son aliados, todos te quieren, los candidatos se preocupan porque cada persona pueda sufragar. P
or eso, la gente corre y aprovecha, mientras dure, que regalan de todo y se pegan de cualquiera que les dice “Tranquilo que yo le consigo transporte”.