¿Para qué quiere usted compañero ser nuestro directivo?

 
torso de una persona que usa saco y corbata sentada en un escritorio, al frente de un computador

Cada año se presenta en las organizaciones la obligatoriedad de nombrar a alguien para ocupar un cargo directivo que se ha creado o que ha quedado vacante. El procedimiento para suplirlo con empleados internos puede hacerse de dos maneras: la primera, que se realice una convocatoria interna, o la segunda, que el directivo mayor o algún órgano superior nombre a quien considere reúne las condiciones para ocupar el cargo.

Sea uno u otro el procedimiento por el que se opte, inmediatamente afloran los empleados internos que, en el lenguaje propio de quienes conforman la organización, compañeros, postulan su nombre para ese cargo, lo que les implica realizar el lobby necesario ante sus colegas y directivos para convencerlos de que es la persona idónea para ocupar esa posición.

En este tipo de procesos es importante la aplicación de las pruebas que ayuden a clarificar qué tan competente es técnicamente cada uno de los candidatos. Pero igual de importante es que la organización los invite a que de la manera más sincera se planteen la siguiente pregunta: fuera de ver legítimamente en el nuevo cargo una oportunidad para mejorar el salario y obtener provechos personales, ¿para qué desea usted ser el directivo de esa unidad, departamento, sucursal o seccional?

 
ejecutivo joven con personas detrás de él

Escoger a la persona correcta para un cargo directivo hace que las organizaciones sean totalmente humanas.

Crédito foto: Fondo de fotografía creado por Pressfoto - Freepik.com

En el terreno de las respuestas, algún candidato podría querer ser directivo animado solamente por alguna de las siguientes razones o por todas a la vez: para saciar deseos inexplicables de poder, porque piensa que este es tan delicioso como la oblea que se comió Mick Jagger en Bogotá; porque podrá codearse con directivos de otras instituciones, lo que le permitirá abrirse otras puertas y contar con nuevas oportunidades o beneficios extras netamente personales; por la posibilidad de realizar viajes o acceder a otros placeres en representación de la organización; porque piensa que se deben lograr objetivos organizacionales al margen de consideraciones humanas y familiares de los empleados; y, por qué no, para cobrarle por ventanilla, “sacarse el clavo,” a quienes se las deben por desencuentros personales y laborales sucedidos en el pasado.

En cambio, hay quienes desean ser directivos porque conciben la gerencia como una fuerza para propiciar un bien superior para la organización, la sociedad, sus familias y sí mismos; porque están convencidos de que sus compañeros, gracias a sus capacidades, son personas excepcionales que con un óptimo acompañamiento podrán dar mucho más; porque están convencidos de que el ejercicio gerencial puede realizarse de acuerdo con los principios del servicio,  la justicia, el respeto, la equidad, la transparencia y la confianza; y finalmente, por su convicción de que los objetivos organizacionales se pueden lograr en sintonía con la vida familiar, el desarrollo personal y laboral de quienes estarían bajo su responsabilidad.

De acuerdo con sus principios y convicciones, si la decisión estuviera en sus manos ¿a qué empleado nombraría usted?, ¿uno de los que se describe en el primer o segundo grupo?

De este tipo de decisiones depende que las organizaciones sean, no más humanas, sino totalmente humanas, capaces de potencializar las capacidades de los empleados en su ser y hacer, y a la vez posibilitar que la dignidad de las personas que laboran en ella se eleve a la máxima expresión.

Por:
Nicolás Fernando Molina Sáenz
nicolas.molina@upb.edu.co

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