Docencia y aprendizaje en sintonía con la sostenibilidad

 
Docentes y estudiante

Si se le pide a un ciudadano que describa qué hace la Universidad Pontificia Bolivariana, con toda seguridad que lo primero que dirá es que ella imparte docencia universitaria con el fin de formar profesionales en los distintos programas que ofrece de manera permanente. Sin lugar a dudas, la docencia y el aprendizaje son la cara más conocido de la UPB.

El surgimiento de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible le ha abierto a las universidades la oportunidad de esclarecer los temas estratégicos en los que deben formar y los impactos que se esperan de ellas, si aspiran a la licencia social que les garantice su legitimidad y reconocimiento.

En la lista de Objetivos de Desarrollo Sostenible -ODS, el número 4 señala que a nivel global se debe lograr que cada ciudadano acceda a una educación con calidad. El cumplimiento de este objetivo es condición necesaria para que los restantes se logren, ya que si no se presenta o si se cumple a medias, difícilmente se contará con personas, que como ciudadanos y empleados, trabajen por lograr una buena sociedad, un crecimiento económico respetuoso del ser humano y un planeta sano que cobije toda forma de vida.

La UPB desde años anteriores ha centrado su proceso formativo en la creación y fortalecimiento de capacidades, para lo cual se ha acogido al planteamiento de la filósofa Martha Nussbaum, quien en su libro de 2012 “Crear capacidades”, las define como lo que una persona es capaz de hacer y ser. En este sentido, la Universidad ha reflexionado y actuado para que el bolivariano, desde su ser y hacer, contribuya al desarrollo sostenible local, nacional y global, lo que la sintoniza con el espíritu de la Agenda 2030.

 
Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU

Cada curso, independientemente de lo que trate y del nivel al que pertenezca, debe también estar dirigido a que los estudiantes sean capaces de autocuidarse; pensar, sentir e imaginar; emocionarse; a tener una idea del bien y de la justicia; a convivir respetuosamente con los otros; a participar en las instancias a las que esté convocado; a respetar la naturaleza en todas sus manifestaciones; y a jugar (capacidad esencial para la innovación), entre otras.

En nuestra Universidad, el docente, fuera de formar de manera óptima en su saber específico, esta llamado a impactar positivamente en las capacidades de sus estudiantes mediante invitaciones simples pero significativas que estén precedidas de una pequeña reflexión al respecto: a que dejen el salón en perfectas condiciones después de terminar la clase en señal de consideración por quienes lo ocuparán más adelante; a que respeten los diversos puntos de vista que manifiesten los demás compañeros; a que depositen los residuos que se produzcan en el salón en los recipientes idóneos para cada caso; a que participen en las instancias estudiantiles con las que cuenta la Universidad; a que relacionen lo que se trata en la clase con un problema o necesidad social que ellos perciban en su entorno; y con su ejemplo, a que se emocionen con una demostración matemática, la coherencia de una teoría o la belleza de una obra artística o un diseño.

La educación con calidad y en sintonía con la sostenibilidad implica formar para que los estudiantes y egresados bolivarianos conciban, desde su ser y hacer, la profesión que libremente eligieron como una fuerza viva que debe contribuir a la dimensión social de la sostenibilidad (el cuidado de las personas y la paz en su sentido más integral), a la ambiental (el cuidado del planeta) y económica (el cuidar que la prosperidad sea un bien al alcance de todos).

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