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Lo que tengamos que expresar digámoslo bien

Lo que tengamos que expresar digámoslo bien
Medellín

Muchas de las situaciones de violencia que se presentan en las calles de nuestras ciudades y que los medios de comunicación han denominado como de intolerancia, se deben a que los implicados no tuvieron la inteligencia emocional ni social para expresar serenamente su inconformidad sobre una determinada situación. ¿Cuántas confrontaciones que han llegado a los puños no se han dado porque alguien se coló en alguna fila y otro le expresó de manera aireada su desconcierto? La situación no hubiese llegado a esos extremos, si a lo mejor quien le reclamó al autor de la conducta tan reprochable, lo hubiese hecho de manera tranquila, esto es, utilizando las palabras, los gestos y el tono de voz serenamente.

Lo mismo sucede en las organizaciones: en ellas se han roto amistades entre compañeros, truncado objetivos organizacionales, deteriorado ambientes laborales, e inclusive, poco ha faltado para que sus integrantes recurran a la violencia física, simplemente porque alguien no se expresó de forma serena al momento de conversar o reaccionar sobre una indicación, corregir una tarea, hacer un llamado de atención, manifestar su acuerdo o desacuerdo frente a una disposición de la organización o sobre el proceder de otro compañero.

No nos expresamos de manera serena en nuestras interacciones cotidianas y organizacionales, porque nos dejamos llevar por aquella idea social que nos dice equivocadamente que una persona con carácter, y más si es hombre, expresa lo que tiene que decir sin preocupase de la forma o del resultado que pueda desencadenar.

Una demostración de conciencia y responsabilidad es el pensar las consecuencias que se pueden desprender del buen o mal manejo de nuestras expresiones con los compañeros y con quienes deben interactuar laboralmente con nosotros. En este sentido, falla algo en la organización cuando alguien, sea quien sea, expresa con lágrimas, con un síntoma físico, con un deseo de no volver a su puesto laboral, con un resentimiento malsano, su disgusto por unas palabras hirientes expresadas por un compañero.

No cabe duda que en las organizacio nes debemos expresar certeramente las indicaciones sobre lo que hay que hacer, la información concreta sobre los tiempos en los que hay que realizar una determinada tarea y lo que no debe volverse a hacer para no cometer el mismo error en otra oportunidad. Pero todo eso, y mucho más, se puede expresar mediante palabras, gestos y tono de voz que no suenen a amenaza, a maltrato o irrespeto.

Para que lo anterior se cumpla, es necesario que en las organizaciones se reflexione e incentive la expresión sin daño, que parte de la idea que hay que tener cuidado con la forma en la que nos comunicamos con todos aquellos que interactúan con nosotros, lo que contribuiría a cuidar el estado de ánimo propio, el de los otros y, en consecuencia, a la propia organización.

Es mejor cuidar nuestras expresiones que tener que reparar los daños que les podamos causar a otros con ellas.

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