Los más necesitados

Si le pidiéramos a alguien que conoce la ciudad, que nos señalara dónde viven los más necesitados y que en seguida nos señalara dónde viven los menos necesitados, con toda seguridad su dedo se movería en direcciones distintas y opuestas. En las organizaciones también sucede lo mismo: cada empleado cree saber quiénes son sus compañeros más y menos necesitados.

Lo anterior se basa en el equívoco de pensar que se es poco o muy necesitado dependiendo de cuanto dinero y bienes materiales se tenga o de cuanto salario se gane una persona.

Pero, ¿alguien solo necesita lo que se puede adquirir con dinero, esto es, comida, vestuario, automóvil, apartamento y otros bienes materiales? Las personas también necesitan afecto, reconocimiento positivo, descanso, realizar actividades que no se traduzcan en recursos financieros, contar con un proyecto ético de vida, con una dimensión de la espiritualidad, ayudar a quienes lo requieran a través de un voluntariado, cuidar la naturaleza.

Hay personas que cuentan con grandes sumas de dinero y poseen significativos títulos universitarios, pero son los más necesitados en cariño, en vivir momentos de ocio y tranquilidad, en autoconocimiento y autocontrol, en expresar sentimientos y vivencias de solidaridad, en una vida espiritual que les genere una actitud de noviolencia que la reflejen en cada acto y palabra, en aprender a valorar y respetar a los empleados que están bajo sus órdenes y a sus demás compañeros, e inclusive, son los más necesitados de su propio autocuidado y felicidad.

En este sentido, en las organizaciones cualquiera puede ser uno de los más necesitados así llegue a trabajar en un automóvil de alta gama o en servicio público; así tenga el más sofisticado de los celulares o la más antigua de las “panelas”; así se vista con prendas compradas en reconocidos almacenes o con prendas adquiridas en las “poncheras” de las calles del centro de la ciudad; así viva en un apartamento espacioso en un sector estrato socioeconómico alto o en una pequeña habitación en un lugar reconocido como de estratos inferiores; así tenga un alto millaje en a lguna aerolínea o no haya salido nunca de la ciudad.

Además, así muchos se nieguen a aceptarlo, e inclusive se ofendan con quien se los manifieste, todos somos muy necesitados, ya que nos falta alguna de las capacidades que se requieren para un buen vivir y porque todos necesitamos de todos. No hay una sola persona en el mundo que pueda bastarse a sí misma, que pueda decir que no necesita de los demás. Ser conscientes de estas dos necesidades nos hace humildes, y el ignorarlas, nos lleva a la soberbia y al irrespeto.

Una de las formas más importantes de la solidaridad en la organización es tenderle la mano desinteresadamente a esos compañeros que, así tengan mucho o poco dinero, se encuentran muy necesitados en alguno de los afectos y capacidades que nos hacen humanos.

Cuando nos pidan en la calle o en la organización que señalemos dónde están los más necesitados, a lo mejor el señalamiento debe comenzar con uno mismo.

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