Agencia de Noticias – UPB Medellín. En Colombia, la transición energética empieza a tomar forma desde los residuos industriales. A partir de ellos, un grupo de investigadores desarrolla el proyecto “Viabilización de la producción nacional de materiales y metodologías para el transporte, almacenamiento y uso de hidrógeno blanco”, una iniciativa de 18 meses que busca transformar residuos metálicos en materiales capaces de almacenar energía limpia, sentando las bases de soluciones sostenibles para el país.
La apuesta no solo responde a un desafío técnico, sino a una visión más amplia de soberanía energética, en la que Colombia aproveche sus propios recursos y capacidades científicas.
El proyecto es ejecutado por la Universidad de Medellín, la Universidad Pontificia Bolivariana y la Universidad de Antioquia, con financiación de Minciencias, la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) y la participación del World Energy Council (WEC). Esta articulación permite conectar la investigación de laboratorio con su aplicación real en la sociedad.
La Universidad de Medellín lidera la dirección científica del proyecto. Su equipo avanza en el diseño de un reactor modular -clave para almacenar y liberar hidrógeno- y realiza la evaluación ambiental y social de la iniciativa.
Por su parte, la Universidad Pontificia Bolivariana se encarga de diseñar y optimizar las aleaciones metálicas tipo AB, obtenidas a partir de residuos industriales. Asimismo, en articulación con la Universidad de Medellín, ejecuta los procesos de simulación y modelación computacional para analizar los mecanismos de reacción asociados y contribuir al diseño del reactor.
Las aleaciones tipo AB son mezclas controladas de metales, en este caso hierro y titanio (TiFe), las cuales tienen la capacidad de absorber hidrógeno en estado sólido, de ahí la importancia de estudiarlas, para facilitar el almacenamiento del hidrógeno, cuya molécula se representa químicamente como H2.
La Universidad de Antioquia asume el reto de conectar la ciencia con la sociedad. Lo hace a través de una estrategia de apropiación social del conocimiento que acerque los avances técnicos en narrativas comprensibles para distintos públicos.
Este proyecto cuenta con la participación de tres investigadores UPB: Alejandro Zuleta Gil, Wilber Silva López y César Nieto Londoño, quienes trabajan en el diseño del material (aleación), la simulación de los mecanismos de reacción y en el apoyo al diseño del reactor, respectivamente.
Esta sinergia refleja un principio transversal a toda la investigación. Como explica el líder del proyecto, Esteban Correa Bedoya, de la Universidad de Medellín: “Hay que desarrollar tecnologías pensando en el medioambiente y en las comunidades”.
Zuleta Gil sostiene que “tenemos una alianza con dos empresas de la ciudad: Doblamos, que nos suministra materiales metálicos sobrantes”, los cuales sirven como fuente primaria de hierro para la aleación. “La otra es Industrias Médicas SamPedro, quienes aportan residuos de viruta de titanio”, material que tradicionalmente se considera difícil de vender como chatarra o procesar, debido a las temperaturas extremas requeridas para su fundición.
El paso a paso del proyecto
Todo inicia con la recolección y preparación de estos residuos metálicos provenientes de industrias locales, como hierro y titanio. Estos materiales, que antes representaban un problema de disposición, se convierten en el punto de partida.
En los laboratorios de Materiales de UPB, los metales se transforman en nuevas aleaciones tipo AB -compuestas por hierro y titanio- capaces de absorber y liberar hidrógeno. Son, en esencia, el alma de la tecnología.
Luego, estas aleaciones se procesan hasta convertirse en partículas finas. Son sometidas a diversas pruebas para evaluar su capacidad de almacenamiento, estabilidad y eficiencia. Este proceso permite identificar los materiales más adecuados.
Con el material ya listo, los investigadores avanzan en el diseño de un reactor modular. Este dispositivo permitirá almacenar y liberar el hidrógeno de manera controlada y segura, y su estructura adaptable facilita su escalamiento según la demanda.
Posteriormente, se evalúan distintas configuraciones del reactor para optimizar su rendimiento. Cada ajuste acerca la tecnología a su implementación en escenarios reales. El ejercicio también incorpora una evaluación ambiental mediante tecnologías de ciclo de vida, asegurando que todo el proceso sea coherente con los principios de sostenibilidad.
Finalmente, el análisis incluye una dimensión social y territorial, reconociendo el papel de las comunidades en la transición energética. “Una transición energética responsable es aquella que desarrolla los procesos, las tecnologías, pensando en mitigar los gases de efecto invernadero, así como mitigar el impacto en las comunidades donde sean utilizadas”, insiste Esteban Correa Bedoya.
“Ya tenemos algunos prototipos de materiales que estamos desarrollando para almacenar H2 en estado sólido. Próximamente tendremos unos reactores en etapa de simulación en software especializado”, manifestó el investigador principal. Una vez validado el experimento, se procederá a la evaluación del impacto social.
Este proyecto contribuye a la reducción de emisiones mediante el uso de una fuente de energía limpia, impulsa la creación de una industria nacional basada en materiales locales y en la reutilización de residuos.
Socializar la ciencia
Más allá de los laboratorios, esta investigación está desarrollando una estrategia transmedia para acercar los avances a la ciudadanía. A través de contenidos digitales, cursos, narrativas interactivas y talleres presenciales, se busca propiciar la comprensión e interés en el asunto.
El valor estratégico de esta propuesta es la evidencia de que la nación cuenta con las capacidades necesarias para innovar en este campo. Como concluye Correa Bedoya: “Demostrarle al país que tenemos el conocimiento, las capacidades científicas y tecnológicas para desarrollar tecnología… y desarrollarla localmente.”
Texto e imágenes: Federico Hoyos Gutiérrez. Equipo de Divulgación Científica y Comunicaciones.
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