Cantos gregorianos: el reflejo de la verdad, la bondad y la belleza del señor

Disponible en:Medellín25 nov. 2020

Agencia de Noticias UPB - Medellín. El Día del Músico se celebra cada 22 de noviembre, fecha en la que se conmemora a Santa Cecilia, patrona de los músicos. La Universidad Pontificia Bolivariana exalta a los docentes que descubrieron en la música el arte de vivir, servir y educar. 

 
Padre Muriel

 

Después de una Semana Santa en la catedral, una religiosa anciana se me acerca y me dice: gracias padre, su voz nos ayudó a orar. Es el mejor cumplido para un ministro, para un servidor. Si mi voz sirvió para que los hombres se unieran al Señor, el trabajo está hecho. “Alabad al Señor que la música es buena, nuestro Dios merece una alabanza armoniosa” (Sal. 147, 1)”, comentó el Pbro. Juan David Muriel Mejía, docente de la Facultad de Teología de la UPB y director del Coro Arquidiocesano Cantate Domino – Ministerio JUBAL.

El Padre Muriel enfatiza, además, en su rol como presbítero y la pasión por el mundo musical gregoriano, explicando que el sacerdote preside los misterios en persona de Cristo cabeza. Cristo es el sumo y eterno sacerdote del culto, que ofrece un sacrificio verdadero de obediencia y libertad. “Mi canto es el canto de la Iglesia, el canto de la asamblea, el canto que suscita el Espíritu en las almas y las gargantas y que puede, por la poderosa acción de la Palabra, acercar las existencias al Creador”.

No sólo la música gregoriana, sino, también, desde la música litúrgica en general, aportan al mundo creyente estética, verdad, objetividad, orden, belleza y evangelio. Hoy en la Arquidiócesis se brindan espacios de formación como el diplomado para ministros del canto litúrgico o grupos como el Coro Arquidiocesano, donde se fomenta la música litúrgica con el objetivo de adorar a Dios durante la asamblea que celebra la fe

 
Padre Muriel

“La música en la liturgia es portadora de la verdad y no solo de sentimentalismos o emociones pasajeras, es testigo de la fraternidad y la eclesialidad como plegaria e instrumento de bendición y santidad: “La música sacra, por consiguiente, será tanto más santa cuanto más íntimamente esté unida a la acción litúrgica, ya sea expresando con mayor delicadeza la oración o fomentando la unanimidad, ya sea enriqueciendo la mayor solemnidad los ritos sagrados.” (SC 112)”, expresó el Padre Juan David Muriel.

El contacto con el mundo de la música para el Padre Muriel fue doble. La música lo ha rodeado y ha ennoblecido su vida convirtiéndola en una total sinfonía. “En mi familia, mi papá, José Muriel, era un gran músico, tocaba tiple, guitarra, componía y tuvo siempre duetos y tríos de música folklórica y colombiana. Con él canté bella música colombiana desde los 3 o 4 años. En mi colegio de los Benedictinos, pertenecí a la escolanía de los pueri cantores, aprendí con los monjes el amor por el canto, el gregoriano, la liturgia, la salmodia y el silencio”, añadió el Padre Muriel.

Después en el Seminario Conciliar de Medellín perteneció al Coro Polifónico y a la Schola Gregoriana. En Europa, realizando estudios de especialización, estudió un semestre de gregoriano en el Pontificio Instituto Litúrgico y dirigió el Coro del Colegio Pío latinoamericano. Actualmente, orienta desde hace algunos años el Coro Arquidiocesano, el ministerio Jubal y la formación de los ministros del canto litúrgico. 

“El rol de un músico en la sociedad los hemos denominado “guardianes de la belleza”, es decir, quienes cantan al mundo la verdad, la bondad y la belleza de la resurrección del Señor. Con la pulcritud de la música y el testimonio de una vida alegre y llena de fe, dan testimonio de la esperanza, y pueden generar procesos de alegría y fraternidad. 

Por Kelly Vanessa Picón Marín, Agencia de Noticias UPB. 

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