La educación superior en la nueva normalidad

Disponible en:Medellín5 abr. 2021

El escenario de la educación superior abarca en estos momentos una normalidad retadora. En este 2021 continuaremos con clases presenciales mediadas por ambientes virtuales o herramientas de telepresencia y alternancia presencial para aquellas carreras o programas que así lo requieran. Las universidades tendremos un retorno progresivo al campus, eso dependerá de las disposiciones gubernamentales que se vayan dando al respecto.

Lo que sí cambió mucho y llegará muy cambiado para 2021 será la relación estudiante-profesor. Con este escenario de pandemia tuvimos una transformación de cultura institucional de manera abrupta, muy fuerte. No tuvimos más opción, pero es un cambio que debemos aprovechar y capitalizar para aportar e introducir transformaciones significativas a la sociedad.

 

 

 
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Pero, ¿en qué cambiamos? Por un lado, en nuestro relacionamiento con los contenidos virtuales, con las plataformas, la planeación curricular, el diseño instruccional de los programas; cambiaron los docentes en la forma de relacionarse con los estudiantes, esto porque empezaron a usar herramientas de comunicación sincrónica y permanente cuando con los estudiantes solo tenían contacto en unos momentos muy específicos de la clase presencial.

2021 será una etapa de consolidación. Eso es lo más positivo, sobre todo pensando en lo drástico que fue este cambio. Tendremos una formación con una normalidad más adaptada, con unos profesores con muchas más habilidades, mucho más acondicionados a su nuevo rol y con mayor dominio. Además, que ya saben qué límites poner desde el punto de vista de la gestión de sus propios cursos. Ese es un cambio esencial desde la perspectiva de relación formativa, de competencias y de acceso a ese noble escenario pedagógico por el que propendemos las universidades.

En la nueva normalidad los estudiantes llegan con mayores niveles de autonomía y autodirección del aprendizaje. Este aspecto, incluso, fue quizá lo más retador para ellos. En nuestro imaginario colectivo perduraba la idea de que los estudiantes eran nativos digitales y que llegaban adaptados a la tecnología. Pero nos dimos cuenta de que no era tan cierto. Pensamos que era una normalidad, pero no tanto. Los estudiantes tuvieron un proceso de adaptación más difícil por el uso de diferentes aplicativos, el uso de diferentes contenidos digitales a los que no estaban acostumbrados.  

Para los estudiantes, su normalidad implicará aprovechar esas capacidades que han mejorado en cuanto a niveles de autodirección del aprendizaje y autonomía, porque la virtualidad sí exige un mayor liderazgo de su propio aprendizaje; el tomar control de su propio proceso, de sus tiempos, de sus ritmos, de tener realmente un espacio más planeado desde el punto de vista personal y de organización personal.

Los estudiantes que han vivido este periodo de estudio en pandemia van a quedar con unas habilidades que hoy son muy valoradas en el mundo empresarial: autodirección, autonomía y aprender a aprender.

La nueva normalidad en la educación superior traerá de estudiantes más exigentes que se darán cuenta de cuándo es necesario o no tener cierto tipo de clases. Van a exigir muchas más experiencias, mucho más contacto y mentoría, acompañamiento de sus propios docentes más que repetir algunas clases que ya están en contenidos o en videos. La educación superior tendrá en esta nueva normalidad estudiantes mucho más exigentes porque ya tienen mayores niveles de dirección de su propio aprendizaje.

 

 

 
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La educación en el marco de una nueva normalidad tendrá un aumento en la demanda y la oferta de los programas académicos virtuales, especialmente en posgrados, ya que el criterio de calidad y rigurosidad reivindicarán esa percepción preventiva de acerarse a un estudio avanzado en modalidad virtual.

Para las mismas universidades, en sus esferas internas, administrativas y de planeación, la nueva normalidad implicará no solo una mayor capacidad y robustez tecnológica, sino también una concepción integral de cambio, adaptación y de optimización en la prestación del servicio educativo.

Es el momento que como universidades trascendamos, más que nunca, de ese enfoque tradicional de estar al interior de una infraestructura física. Nuestro gran compromiso, reto y proyección deberá orientarse al desarrollo de una nueva dimensión, una nueva fase del concepto universitario como lo es ser una verdadera unidad de gestión del conocimiento rompiendo las fronteras de tiempos y espacios.

Ahora, la nueva normalidad que vivimos y la que se avecina, nos llevará a las universidades a ser protagonistas más activos no solo para titulaciones o para ofertar programas de pregrado y posgrados, sino también como eslabones esenciales de una relación estratégica, esa sinergia y ese diálogo permanente entre la universidad, la empresa, el Estado y la sociedad, que permita agregar valor en las relaciones.

 

 
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La nueva normalidad demanda una invitación y acción colectiva para que construyamos y desarrollemos un nuevo pensamiento universitario que trascienda lo profesionalizante, que trascienda la titulación y que permita otra relación con los grupos de interés para contribuir al desarrollo sostenible de las organizaciones y al desarrollo colectivo de la sociedad. 

Por Pbro. Julio Jairo Ceballos Sepúlveda. Rector General UPB.

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