Agencia de Noticias – UPB Medellín. ¿Sabía que solo entre el 10 y el 20% de los componentes del maíz se comercializan como productos principales? El porcentaje restante son subproductos que, pese a tener usos tradicionales como abonos y fertilizantes, gran parte se pierden, desechan, o no se les da un uso que genere valor agregado.
Frente a esta realidad, la Universidad Pontificia Bolivariana lidera una investigación para valorizar subproductos agroindustriales del maíz y transformar lo que hoy se desperdicia, mediante la extracción de componentes químicos, para la fabricación de insumos para alimentos y otros productos innovadores.
Este proyecto, llamado Fortalecimiento de la cadena productiva de cacao, maíz y camarón en Colombia, mediante el aprovechamiento de sus subproductos para la generación de prototipos alimentarios funcionales, que comenzó en 2024 y se extenderá hasta 2026, cuenta con un componente que se desarrolla en el municipio de Sibundoy, Putumayo, en el marco del Programa de Bioeconomía de la UPB.
Escuchar el territorio
La investigación tiene una dimensión interdisciplinaria: ingenieros químicos, agroindustriales y en nanotecnología, junto con trabajadores sociales y comunicadores sociales – periodistas trabajan de la mano con la comunidad de la Institución Educativa Rural Bilingüe Artesanal Kamëntsa, en el Valle de Sibundoy, al sur occidente del país.
Con respecto al componente científico del proyecto, el equipo investigador explora la producción de harinas con los subproductos, así como la extracción de biomoléculas presentes en los subproductos del maíz como nano-celulosa, almidón, quitina, quitosano y pectina, para usarlas en la fabricación de alimentos. Esto permitirá que los miembros de la comunidad indígena diversifiquen y fortalezcan sus propias cadenas productivas.
Sin embargo, el trabajo no se limita a lo técnico; cuenta con un fuerte componente de apropiación social del conocimiento. Esto significa que, además de trabajar en laboratorios, es base del ejercicio el diálogo constante y los consensos con la comunidad indígena Kamëntsa de Sibundoy.
Allí, estudiantes y profesores de la UPB acompañan procesos educativos en la escuela bilingüe, con el fin de promover la vocación científica en los niños y jóvenes de la institución, y construir conocimiento de manera conjunta con los saberes ancestrales. “Eso es posible gracias al apoyo que logramos con el esfuerzo constante de cuatro de nuestras estudiantes de Trabajo Social del programa que ofrece la UPB, en colaboración con el Instituto Misionero de Antropología -IMA- en el Putumayo”, cuenta la docente investigadora, Catalina Gómez Hoyos.
Estas profesionales apoyan constantemente en la escuela, actúan como enlace entre los profesores y los investigadores del proyecto, facilitando la interacción con la comunidad.
“En este proyecto sumamos capacidades desde distintas disciplinas, porque aquí no solo participan los profesores de alto nivel, sino también estudiantes en formación”, afirma Catalina Gómez Hoyos.
Aprender haciendo
Para Claudia Liliana Chindoy Chiqunque, estudiante de Trabajo Social de la UPB en Sibundoy, joven investigadora y miembro de la comunidad Kamëntsa, esta iniciativa significa un encuentro entre dos mundos: “Es una oportunidad maravillosa para unir lo científico con lo social y lo ancestral. Nos permite conectar nuestra sabiduría desde los territorios con la formación académica, generando un equilibrio entre lo cuantitativo y lo cualitativo”.
El maíz, o s̈buachán (en lengua Kamsá), es el eje central de esta integración. No solo es fuente de alimento, sino también símbolo espiritual y cultural para esta comunidad indígena.
Explica Chindoy que el maíz es una semilla de esperanza, porque necesita de la tierra para sostenerse y es un recordatorio para el ser humano de que primero está el territorio. "El proyecto busca fortalecer lo académico sin desconectarnos de lo que somos".
Una comunidad espiritual y académica
Uno de los mayores aprendizajes para el equipo investigador ha sido reconocer las diferencias culturales y temporales de la comunidad indígena Kamëntsa. “Ellos viven a un ritmo muy diferente al nuestro. Hay que respetar sus tiempos, y confiar en que los procesos fluyan”, reflexiona Catalina Gómez, quien asegura que esta experiencia la ha llevado a cuestionar su propia vida urbana.
Para Claudia Chindoy, este proyecto anhela sembrar la idea de que el ser humano se bendice en la tierra cuando permite que la naturaleza le cuente cosas.
Para comprender mejor la importancia del maíz, lo invitamos a conocer este diario de viaje sobre el trabajo de campo en Sibundoy, Putumayo.
Este proyecto se ejecuta en el marco del programa Desarrollo de estrategias basadas en bioeconomía para el fortalecimiento de cadenas productivas agropecuarias de la Amazonía, el occidente y el caribe colombiano, código 106000, financiado con recursos del Patrimonio Autónomo del Fondo Francisco José de Caldas, contrato 112721-443-2023, en el marco de la convocatoria 936 del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia.
Por: Federico Hoyos Gutiérrez. Equipo de Divulgación Científica y Comunicaciones.
Imágenes: Sara Isabel Grisales Mario y Claudia Patricia Gil Salcedo
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